Una vez un hombre rico le entregó una canasta de basura a un hombre pobre.

El hombre pobre le sonrió y corrió con la canasta, la vació, la lavó y la lleno de flores y se la dio de regreso al hombre rico.

El Hombre rico asombrado le preguntó: ¿Por qué me la das llena de flores... Si yo te la di llena de basura?. El hombre pobre le contesta: "Porque cada uno da lo que tiene en su corazón".


2 Conrintios 9:7
Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.


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