Hoy me doy cuenta del tiempo que hemos pasado lejos el uno del otro… y no me refiero a nadie en particular, sino a TODOS en general...

Hoy me dio por extrañarlos…

Me dio por ver fotos viejas, sonrisas congeladas, recuerdos guardados en el fondo del alma…

Me dio por recordarte a ti, a ella, a todos, sus gritos, sus risas, sus chistes…

Me dio por sentir sus ausencias, el vacío que dejan.

No estamos tan lejos, porque son sólo algunas millas que nos separan, pero, me dio por extrañarlos…

Son meses, años… y no es el tiempo, no. Es el hecho de saber que no sé cuándo nos podremos reunir…

Me dio por ver fotos donde sale casi la familia completa, que formaban un eslabón perfecto e imperfecto a la vez… Familia al fin.

No hay reunión completa, ni donde ustedes están ni donde estoy yo. Falta un hermano o hermana que se fue. Fueron navidades, Años Nuevos… cumpleaños de aquí y allá… ha sido mucho tiempo.

Hoy… me dio por llorar , me dio por sentir el corazón adolorido… ¿Qué te puedo decir? Me dio por extrañarles.

A veces damos por sentado la presencia perpetua de determinadas personas. Damos por sentado que estarán ahí siempre.

Las ves todos los días, a cada rato, en distintas situaciones, y ya te vas aprendiendo los gestos, la cara, la mirada, los tips del trato, la forma en que sonríe o se forma la sonrisa… la lentitud en la que una lágrima baja y corre por las mejillas… La forma de caminar, de bailar… Las morisquetas…







Tiempos que no volverán… y no tienen por qué volver…

La vida es así. Cada quien agarra su rumbo, su camino. Y hay que seguir caminando porque las metas son individuales… y en la vida hemos nacido para conquistar el mundo, el regalo de Dios…

El dolor y el vacío de la ausencia no se llena ni se pasa… se aprende a soportarlo… Se lleva en el alma…

A medida que pasa el tiempo, guardas el dolor y el vacío de la ausencia en un cajón de tu corazón, y decides no abrirlo más. Y te sientes fuerte y crees que “superaste” la etapa… pero… no sé qué pasa en el ambiente, el sol, la luna, las nubes, que me da, de repente, por extrañar a mi familia ausente.


Quizás sea que guardamos tanto en la gaveta del corazón, que el corazón, obstinado y resentido por la ausencia, hizo un mini golpe de estado en el alma… y dijo: ¡Extrañalos!

Y pasó…

Por eso… hoy me dio por extrañarl@s…

A sabiendas que están bien, siempre están conmigo, en mi pensamiento. Quizás no siempre a flor de piel, pero siempre ahí cuando menos me lo espero…

No es lo mismo ver fotos con sonrisas congeladas, no es igual ya escuchar sus voces por teléfono o leerl@s en el celular, en las redes sociales, no es lo mismo verl@s por vídeo en una cámara con un internet de baja velocidad… Al principio sí, porque recordaba todos sus gestos… Ahora, eso no es suficiente, porque quiero un abrazo de consuelo, quiero sus consejos diarios, quiero sus regaños…

¿Qué les puedo decir, familia? Que los quiero y los extraño…








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