EL verdadero sentido de la Navidad nos lo dio Jesucristo con el mayor testimonio de Amor que un ser humano puede dar, al sacrificar su propia vida para la salvación de toda la Humanidad. En recuerdo de este testimonio, la Navidad debe ser un tiempo en el que deberíamos expresar el amor de unos con los otros, como Él nos amó, a través de una convivencia basada en la igualdad, en la que nadie se considera superior a nadie, en donde a nadie le falte lo necesario para vivir con dignidad, porque el que tiene más comparte con el que no tiene para vivir dignamente, de forma gratuita, es decir sin esperar nada a cambio. 
Desearíamos que prevaleciera el espíritu de Paz de la Navidad para que se acabaran las guerras en el mundo y terminara la violencia entre las personas por culpa de las diferencias en las forma de pensar, o por ser de diferente raza, género, cultura o de distinto país… 

Nos gustaría que no se perdiera el espíritu de Navidad en nuestras familias como consecuencia de educar a nuestros hijos en la abundancia de regalos materiales y de caprichos, con lo que pierde el sentido del valor de las cosas y la capacidad de sacrificio para conseguirlas, en vez de educarles, a través de nuestro propio ejemplo, en los principios del Amor Responsable, pues nuestro hijos imitan más que obedecen. 

Desearíamos que al menos en Navidad se prodigaran más en los medios de comunicación social los magníficos testimonios de Amor Responsable que existen en nuestra Sociedad, en vez de intoxicarnos con personajes corruptos y con personas que no son en absoluto modelos de conducta para la sociedad justificando este proceder, exclusivamente, por la razón de ganar más dinero. 

Nos gustaría que por lo menos en Navidad olvidáramos los rencores del pasado y prevaleciera siempre el perdón y la reconciliación, para conseguir una convivencia navideña llena de felicidad y de paz entre todos los seres humanos. 

Entender el verdadero sentido de la navidad es comprender una hermosa realidad que se acepta desde una perspectiva espiritual.

El mundo se ha dejado llevar por una tradición religiosa, que ha sido convertida en mercadotecnia y consumismo y muy pocos entienden porque muy pocos se han interesado por lo fundamental, nuestra naturaleza espiritual.

Este que escribe ha llegado a conclusiones de gran bendición personal y familiar y ha encontrado respuestas en medio de un medio en el que hablar de Dios es hablar de religión, erróneamente así se ha entendido y se ha difundido generando dos extremos generales, uno que ha llevado al fanatismo religioso y otro que cansado de la incongruencia religiosa han llegado a un liberalismo decadente. Conocer y entender a Dios no es a través de una religión, sino de una relación personal con Él.







Dios ha amado tanto al mundo que ha envido a su hijo, para que todo aquel que en el crea no se pierda, más tenga vida eterna. Esto es tremendamente maravilloso. El Padre, sabedor de que el hombre en su naturaleza humana rompe con toda reglamento y mandamiento, y que por meritos propios le corresponderían consecuencias graves, pues todo lo que se siembra se cosecha, ha enviado a su hijo a nacer con el objetivo de morir y padecer en sustitución nuestra la consecuencia de nuestras transgresiones, sufriendo sobre sí mismo una muerte de cruz y la paga del pecado en el lugar de tormentos llamado Ades, pero resucitando, venciendo y rompiendo toda maldición, redimiendo y restaurando la naturaleza de los creyentes como hijos de Dios.

Celebrar que Jesús nació y se hizo hombre, es celebrar que nació quien con su muerte y resurrección hizo justo al injusto, es celebrar el precioso sacrificio del Hijo de Dios que por amor a usted y mí, padeció más de lo que las palabras alcanzan a expresar. Navidad no debería ser solo un día festivo, sino cada vez que alguien acepta en su corazón a Jesús, creyendo que es el Señor y que murió por nuestros pecados haciéndonos a su vez participes de una naturaleza divina, dándonos la potestad de ser también hijos de Dios y proveyéndonos legalmente de salvación, salud, larga vida, paz, gozo y prosperidad.

Para celebrar la navidad con un verdadero sentido debemos conocer a quien estamos celebrando. Conocer a Jesús no es a través de una religión, respeto por supuesto sus creencias, sin embargo, Dios desea tener una relación personal con cada uno de sus hijos. Es a través de una convivencia intima y personal con el Padre que le conocemos y le entendemos, y finalmente le amamos, porque no se puede amar lo que no se conoce. El único intermediario entre Dios y nosotros es Jesús.

Hagamos algo diferente esta navidad, invitemos al festejado principal a nuestras vidas. Es tiempo de que despertemos a un nivel de conciencia diferente, superior. Por arraigo cultural nos reuniremos la mayoría estas fiestas y celebraremos en familia, veremos a quienes están lejos, cenaremos una rica cena, daremos y recibiremos regalos; todo está muy bien… no obstante, no es lo principal. Invitar a Jesús a morar en vuestro corazón es celebrar navidad, pues cada que alguien le acepta como Señor y salvador lo hace nacer en sus vidas, dándole el lugar correspondiente, rindiendo la razón del ser a  Dios y entendiendo verdaderamente cual es el sentido de vivir.

Jesús vino a traernos vida y no solo vida, sino en abundancia. Los invito a conocerle a Él y a la vida en abundancia que tiene para ti, así de simple. Navidad pues, es Jesús naciendo en vuestros corazones. Mucha paz, dicha y felicidad hoy y siempre.

Nos gustaría más que VERDADERAMENTE celebráramos al único SEÑOR de señores, REY de Reyes, a NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO...









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