Feliz día, Señor Dios...

Padre mío, ahora que las voces empiezan y los clamores se encienden, mi alma se eleva hasta Ti, para decirte: Creo en Ti, espero en Ti, te amo con todas mis fuerzas, Gloria a Ti Señor. Deposito en tus manos, la fatiga y la lucha, las alegrías y desencantos de este día que comienza.

Si los nervios me traicionan, si los impulsos egoístas me dominan, si doy entrada al rencor o a la tristeza, ¡Perdón, Señor! Ten piedad de mí. Si pronuncio palabras vanas, si me dejo llevar por la impaciencia. Si soy espina para alguien ¡Perdón, Señor!

No quiero este día entregarme al trajín del día, sin sentir sobre mi alma la seguridad de tu misericordia, tu dulce misericordia, enteramente gratuita, Señor.
Te doy gracias, Padre mío, porque seas la sombra fresca que me cobije durante todo este día.
Te doy gracias porque, invisible, cariñoso, envolvente, y pido que cuides a lo largo de estas horas. Señor, a mi alrededor ya todo ruido y alarmas. Envía el ángel de la paz a esta casa. Relaja mis nervios sosiega mi espíritu, suelta mis tensiones, inunda mi ser de silencio y serenidad. Vela sobre mí, Padre querido, mientras me entrego confiad@ en ti, como un(a) niñ@ que esta feliz entre tus brazos. En tu nombre Señor, estaré tranquil@.
Amén...





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