Un día le pedí a Dios instrucciones para vivir en esta tierra…
Dios acercó su voz a mi oído y me dijo:
Sé como el sol, levántate temprano y no te acuestes tarde.
Sé como la luna, brilla en la oscuridad, pero sométete a la luz mayor.
Sé como los pájaros, come, canta, bebe y vuela.
Sé como las flores,
Enamoradas del sol, pero fieles a sus raíces.
Sé como el buen perro obediente, pero nada más a su Señor.
Sé como la fruta, Bella por fuera, saludable por dentro.
Sé como el día, Que llega y se retira sin alardes.
Sé como el oasis, da tu agua al sediento.
Sé como la luciérnaga, aunque pequeña emite su propia luz.
Sé como el agua, buena y transparente.
Sé como el río, siempre hacia adelante.
Y por sobre todas las cosas, sé como el cielo:
La morada de Dios.
Gracias mi Señor:
Enséñame a hacer tu voluntad,
porque tu eres mi Dios, tu espíritu bueno me guíe a tierra de rectitud.
Señor, no permitas que me quede donde estoy. Ayúdame a

 llegar a donde tú esperas que llegue.















¡¡Feliz Noche!!
Señor mi Dios:
Padre mío, ahora que las voces se silenciaron
y los clamores se apagaron, aquí al pie de la cama
mi alma se eleva hasta Ti, para decirte:
Creo en Ti, espero en Ti, te amo con todas
mis fuerzas, Gloria a Ti Señor.
Deposito en tus manos, la fatiga y la lucha,
las alegrías y desencantos de este día
que quedó atrás.
Si los nervios me traicionaron, si los impulsos
egoístas me dominaron, si dí entrada al rencor
o a la tristeza, ¡Perdón, Señor! Ten piedad de mí.
Si he sido infiel, si pronuncié palabras vanas,
si me dejé llevar por la impaciencia.





Si fui espina para alguien ¡Perdón, Señor!.
No quiero esta noche entregarme al sueño, sin sentir
sobre mi alma la seguridad de tu misericordia,
tu dulce misericordia, enteramente gratuita, Señor.
Te doy gracias, Padre mío, porque has sido la sombra

 fresca que me ha cobijado durante todo este día.

Te doy gracias porque, invisible, cariñoso, envolvente,
me has cuidado a lo largo de estas horas.

Señor, a mi alrededor ya todo es silencio y calma. 
Envía el ángel de la paz a esta casa.

Relaja mis nervios sosiega mi espíritu, suelta mis
 tensiones, inunda mi ser de silencio y serenidad.

Vela sobre mí, Padre querido, mientras me entrego
confiad@ al sueño, como un(a) niñ@ que duerme
feliz entre tus brazos.
¡¡En tu nombre Señor, descansaré tranquil@, Amén!!







He aprendido... que cuando estás  enamorado, se nota... 

He aprendido... que una persona diciéndome, "Me alegraste el  día"... alegra mi día. 

He aprendido... que siempre puedo orar por alguien, cuando no  tengo otro modo de ayudarlo. 

He aprendido... que no importa que tan serio requiera la vida  que seas, todos necesitamos un amigo con el que podamos reir a carcajadas. 

He aprendido... que algunas veces, todo lo que una persona  necesita, es una mano que sostener y un corazón que entender. 

He aprendido... que la vida es como una espiral. Mientras más  se acerca al final, más rápido camina. 

He aprendido... que el dinero no compra la clase. 

He aprendido... que esas pequeñas cosas que pasan diariamente,  son las que hacen la vida espectacular. 

He aprendido... que debajo del duro escudo de las personas, hay  alguien que quiere ser apreciado y amado. 

He aprendido... que Dios no hizo todo en un solo día... que me  hace pensar que yo puedo? 

He aprendido... que ignorar lo hecho... no cambia los hechos. 

He aprendido... que es el amor, no el tiempo... el que cura  todas las heridas. 

He aprendido... que cada persona a la que conoces, merece ser  obsequiada con una sonrisa. 

He aprendido... que nadie es perfecto... hasta que te enamoras  de alguien. 

He aprendido... que las oportunidades nunca se pierden, alguien  más tomara aquella que tu dejaste pasar. 

He aprendido... que uno debe decir palabras suaves y tiernas,  porque más adelante puedes tener que tragártelas. 

He aprendido... que una sonrisa, es la manera más barata de  lucir mucho mejor... 

He aprendido... que no puedo elegir cómo me siento, pero puedo  elegir que hago con respecto a eso. 

He aprendido... que todos quieren estar en la cima de la  montaña, pero que toda la felicidad y experiencias agradables, suceden mientras  se escala hacia ella. 

He aprendido ... que estamos rodeados de muy buenas amistades,  que hay que cultivarlas y nunca dejarlas morir...


¡¡La FELICIDAD es un trayecto,no un destino!!






Digna de leer:

Una niñita invitó a su madre a una reunión de padres y maestros que se celebraba en la escuela primaria a la que asistía. Aunque la niña no deseaba que fuera, la madre aceptó la invitación. Sería la primera vez que sus compañeros de clase y su maestra vieran a su madre, y le daba vergüenza su aspecto. A pesar de que era una hermosa mujer, había una gran cicatriz que cubría casi todo el lado derecho de su rostro y la niña le impresionaba tanto que nunca quería hablar acerca de por qué o cómo se la había hecho.
En la conferencia, la gente quedó impresionada con la bondad y la belleza natural de su madre, a pesar de la cicatriz, pero la niña seguía avergonzada y se ocultó de todos. Sin embargo, se mantuvo a una distancia que le permitía escuchar lo que decían su madre y su maestra en una conversación, y esto fue lo que oyó: –¿Cómo se hizo esa cicatriz en la cara? Le preguntó la maestra. 




La madre respondió: – Cuando mi hija nació, se incendió la habitación en la que dormía. Todos tenían demasiado miedo de entrar, porque el fuego estaba fuera de control, de manera que me arriesgue y entré. Cuando corría hacia su cuna, vi que caía una viga del techo y me lance sobre mi hija para protegerla. El golpe me dejó inconsciente, pero gracias a Dios, entró un bombero y nos salvó a las dos. Esta cicatriz me acompañará por siempre, pero nunca lamentaré haber hecho lo que hice.
En ese punto, la niña se dio cuenta del sacrificio que su madre había hecho para salvarla y corriendo hacia ella con lágrimas en los ojos, la abrazó y la tomó de la mano durante el resto del día.
Esta historia, me recuerda que también cuando estemos ante la presencia de Jesús podremos ver las cicatrices en sus manos, sus pies y costado. Y que Él, como la madre de la historia puso su vida para salvarnos de la muerte eterna.

Los hombres, sabemos reconocer los actos de valor y damos medallas de honor y declaramos héroes, a todos aquellos que han hecho algo por el bien de los demás, arriesgando su propia vida.
¿Serías capaz de reconocer como héroe, a Aquél que murió en la cruz del calvario para salvarte de la muerte eterna?







Porque las injusticias se pagan, el dolor se supera,
 el amor llega, la verdad existe, el coraje te levanta,
 el miedo te fortalece, los errores te enseñan,
 porque NADIE es perfecto, 
lo más importante 

es que estas VIV@ y la vida siempre
 te da una segunda oportunidad,
por eso HOY y siempre sé FELIZ...










Mañana en la mañana abriré tu corazón le explicaba el cirujano a un niño. Y el niño interrumpió: -¿Usted encontrará a Jesús allí?

El cirujano se quedó mirándole, y continuó: - Cortaré una pared de tu corazón para ver el daño completo.

Pero cuando abra mi corazón, ¿encontrará a Jesús ahí?, volvió a interrumpir el niño.

El cirujano se volvió hacia los padres, quienes estaban sentados tranquilamente.

Cuando haya visto todo el daño allí, planearemos lo que sigue, ya con tu corazón abierto.

Pero, ¿usted encontrará a Jesús en mi corazón? La Biblia bien claro dice que Él vive allí. Las alabanzas todas dicen que Él vive allí...

¡Entonces usted lo encontrará en mi corazón!

El cirujano pensó que era suficiente y le explicó:

- Te diré que encontraré en tu corazón. Encontraré músculo dañado, baja respuesta de glóbulos rojos, y debilidad en las paredes y vasos. Y aparte me daré cuenta si te podemos ayudar o no.
- ¿Pero encontrará a Jesús allí también? Es su hogar, Él vive allí, siempre está conmigo.

El cirujano no toleró más los insistentes comentarios y se fue. Enseguida se sentó en su oficina y procedió a grabar sus estudios previos a la cirugía: aorta dañada, vena pulmonar deteriorada, degeneración muscular cardiaca masiva. Sin posibilidades de trasplante, difícilmente curable. Terapia: analgésicos y reposo absoluto. Pronóstico: tomó una pausa y en tono triste dijo: muerte dentro del primer año. Entonces detuvo la grabadora. Pero, tengo algo más que decir: ¿Por qué? Pregunto en voz alta ¿Por qué hiciste esto a él? Tú lo pusiste aquí, tú lo pusiste en este dolor y lo has sentenciado a una muerte temprana. ¿Por qué?








De pronto, Dios, nuestro Señor le contestó:

El niño, mi oveja, ya no pertenecerá a tu rebaño porque él es parte del mío y conmigo estará toda la eternidad. Aquí en el cielo, en mi rebaño sagrado, ya no tendrá ningún dolor, será confortado de una manera inimaginable para ti o para cualquiera. Sus padres un día se unirán con él, conocerán la paz y la armonía juntos, en mi reino y mi rebaño sagrado continuará creciendo.

El cirujano empezó a llorar terriblemente, pero sintió aun más rencor, no entendía las razones. Y replicó:

Tú creaste a este muchacho, y también su corazón ¿Para qué? ¿Para que muera dentro de unos meses?

El Señor le respondió: Porque es tiempo de que regrese a su rebaño, su tarea en la tierra ya la cumplió. Hace unos años envié una oveja mía con dones de doctor para que ayudara a sus hermanos, pero con tanta ciencia se olvidó de su Creador.

Así que envié a mi otra oveja, el niño enfermo, no para perderlo sino para que regresara a mí aquella oveja perdida hace tanto tiempo.

El cirujano lloró y lloró inconsolablemente.

Días después, luego de la cirugía, el doctor se sentó a un lado de la cama del niño; mientras que sus padres lo hicieron frente al médico.

El niño despertó y murmurando rápidamente preguntó:

- ¿Abrió mi corazón?
- Si - dijo el cirujano
- ¿Qué encontró? preguntó el niño
- Tenías razón, encontré allí a Jesús.
Dios tiene muchas maneras y formas diferentes para que tu regreses a su lado.













La secretaria de un famoso cirujano cardiovascular, entró a su despacho y le anunció que un anciano, que venía recomendado por un médico del hospital público, deseaba hacerle una consulta.
-Tendrá que esperar a que haya atendido a todos los pacientes, luego le recibiré, dijo el doctor.
Después de dos horas de espera, el médico recibió al anciano y le preguntó, a que se debía su visita:
-Estimado doctor vengo a verlo por recomendación del médico del hospital, el me ha enviado a Ud. porque considera que es la única persona que puede resolver mi problema de corazón, además me dijo que en su clínica poseen los equipos necesarios para llevar a cabo la operación que salvará mi vida.
El médico evaluó cuidadosamente todo el historial médico de su colega del hospital y le preguntó al anciano: -¿A que obra social, pertenece usted?
-Ahí es donde está mi problema, yo no estoy asociado a ninguna obra social y tampoco tengo dinero. Soy muy pobre y no tengo familia que pueda ayudarme. Con todo respeto, sé que le pido demasiado, pero Ud. Es la única persona que tal vez puede ayudarme a seguir viviendo.
El médico estaba indignado con su colega. ¿Cómo se había atrevido a ponerle en semejante compromiso? Así que lo envió de regreso al hospital público con una nota dirigida al medico, explicándole que su clínica era privada y de mucho prestigio y que por lo tanto no podía acceder a su pedido y al final agregó en letras mayúsculas: NUESTRA CLÍNICA NO ESTA PARA HACER BENEFICENCIA A NADIE.






Cuando el anciano se fue de su consulta, el médico se dio cuenta que se había olvidado una carpeta. Al abrirla para asegurarse que era del anciano, se encontró con unas poesías y algunas frases sueltas que le llamaron mucho la atención, una de ellas decía: “El órgano que mejor habla, es el corazón” firmado, Jean Marcel.
Esta frase impacto al médico, pero lo que más le llamo la atención, fue el nombre del autor, Jean Marcel. De pronto se trasladó a sus años en el colegio y recordó a la maestra que les leía sus hermosos cuentos.
También recordó sus tiempos de estudios secundarios, cuando su profesora de Literatura les enseñaba bellísimas poesías. Su mejor recuerdo fue cuando le dedico una de esas poesías a una de sus compañeras, de la que se enamoró y que actualmente es su esposa.
¿Cómo olvidar a Jean Marcel, si este gran hombre le hizo pasar los momentos más felices de su de su juventud?
Habían pasado unas pocas semanas cuando la secretaria del doctor entró con el periódico y compungida le dijo: -Mire, hoy encontraron muerto al poeta Jean Marcel en un banco de la plaza, tenía 88 años.
El médico con un suspiró de pena le contestó a la secretaria:
-Hombres como él no deberían morir nunca, como me hubiera gustado conocerlo.
-¿No lo recuerda? Le dijo la secretaria, y mostrándole la foto del periódico, añadió: Era el anciano que vino hace unos pocos días a consultarle. Era un escritor y poeta muy conocido, pero también muy solitario, bohemio y pobre.
Cuando el médico vio la foto, le pidió a su secretaria que se retirara. Su corazón se llenó de angustia como nunca antes y lo único que pudo hacer, fue llorar como un niño, tal vez como aquel niño que siempre estuvo en su interior recordando aquellos años de su vida.
El resto del día no quiso atender a ningún paciente, se quedó horas y horas en su consultorio, lamentando su actitud. Luego, levanto su vista hacia el cielo y dijo entre lágrimas:
Perdóname Señor, no soy digno de ti, perdóname porque mi orgullo y mi egoísmo, no me permitieron ver que al ayudar a este magnifico y talentoso hombre, te estaba sirviendo a Ti.
Todo lo que tengo y he conseguido en la vida, te lo debo a Ti, por eso estoy avergonzado por mi actitud. Señor te prometo que a partir de este momento las cosas van a ser de otra manera.
Desde ese momento y como homenaje al anciano, la clínica paso a llamarse “Clínica Jean Marcel”. El doctor dedicó la mitad de su tiempo para la atención de los pacientes sin ningún tipo de respaldo social y realizó todo tipo de cirugías, totalmente gratis.
Esta historia nos deja como enseñanza, a dos hombres que fueron instrumentos de Dios. Jean Marcel, con su don hizo feliz al medico y a muchos más. Y por otro lado el famoso cirujano se dio cuenta de que “El órgano que mejor habla, como dijo el anciano poeta, es el corazón”.








Había una vez un rey que tenía cuatro esposas.

Él amaba a su cuarta esposa más que a las demás y la adornaba con ricas vestiduras y la complacía con las delicadezas más finas. Sólo le daba lo mejor.

También amaba mucho a su tercera esposa y siempre la exhibía en los reinos vecinos. Sin embargo, temía que algún día ella se fuera con otro.

También amaba a su segunda esposa. Ella era su confidente y siempre se mostraba bondadosa, considerada y paciente con él. Cada vez que el rey tenía un problema, confiaba en ella para ayudarle a salir de los tiempos difíciles.

La primera esposa del rey era una compañera muy leal y había hecho grandes contribuciones para mantener tanto la riqueza como el reino del monarca.

Sin embargo, él no amaba a su primera esposa y aunque ella le amaba profundamente, él apenas se fijaba en ella.

Un día, el rey enfermó y se dió cuenta de que le quedaba poco tiempo. Pensó acerca de su vida de lujo y caviló:

- “Ahora tengo cuatro esposas conmigo pero, cuando muera, estaré solo”.

Así que le preguntó a su cuarta esposa: “Te he amado más que a las demás, te he dotado con las mejores vestimentas y te he cuidado con esmero. Ahora que estoy muriendo, ¿estarías dispuesta a seguirme y ser mi compañía?

- ¡Ni pensarlo! Contestó la cuarta esposa y se alejó sin decir más palabras.

Su respuesta penetró en su corazón como un cuchillo filoso.

El entristecido monarca le preguntó a su tercera esposa: Te he amado toda mi vida. Ahora que estoy muriendo, ¿estarías dispuesta a seguirme y ser mi compañía?

- ¡No! Contestó su tercera esposa. ¡La vida es demasiado buena! ¡Cuándo mueras, pienso volverme a casar!”

Su corazón experimentó una fuerte sacudida y se puso frío.

Entonces preguntó a su segunda esposa: “Siempre he venido a ti por ayuda y siempre has estado allí para mí. Cuando muera, ¿estarías dispuesta a seguirme y ser mi compañía?

- “¡Lo siento, no puedo ayudarte esta vez!”. Contestó la segunda esposa. “Lo más que puedo hacer por ti es enterrarte”.

Su respuesta vino como un relámpago estruendoso que devastó al rey.

Entonces escuchó una voz:
- “Me iré contigo y te seguiré dondequiera tu vayas”.

El rey dirigió la mirada en dirección de la voz y allí estaba su primera esposa. Sé veía tan delgaducha, sufría de desnutrición. Profundamente afectado, el monarca dijo:

- ¡Debí haberte atendido mejor cuando tuve la oportunidad de hacerlo!

En realidad, todos tenemos cuatro esposas en nuestras vidas.

Nuestra cuarta esposa es nuestro cuerpo. No importa cuanto tiempo y esfuerzo invirtamos en hacerlo lucir bien, nos dejará cuando muramos.

Nuestra tercera esposa son nuestras posesiones, condición social y riqueza. Cuando muramos, irán a parar a otros.

Nuestra segunda esposa es nuestra familia y amigos. No importa cuanto nos hayan sido de apoyo a nosotros aquí, lo más que podrán hacer es acompañarnos hasta el sepulcro.

Y nuestra primera esposa es nuestra alma, frecuentemente ignorada en la búsqueda. Sin embargo, nuestra alma es la única que nos acompañará dondequiera que vayamos. ¡Así que, cultívala, fortalécela y cuídala ahora!

Es el más grande regalo que puedes ofrecerle al mundo.
¡Hazla brillar!
¿Deseas para ti o para regalar a tus seres queridos o amig@s esta hermosa imagen con la Inicial de sus nombres en madera y una linda muñequita? Descargala aquí...



























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